22 prompts en esta categoría
El copy no falla por las palabras: falla porque nadie le dio al modelo el público, la oferta y la objeción real.
La mayoría de prompts de marketing fallan por lo mismo: piden copy sin dar lo único que hace que el copy funcione. Sin público concreto, sin la oferta real y sin la objeción que frena la compra, cualquier modelo devuelve el mismo texto entusiasta e intercambiable que podría ser de cualquier empresa del mundo.
Los prompts de esta página están construidos al revés: primero te obligan a poner los datos —quién compra, qué le frena, qué vendes y a qué precio— y a partir de ahí generan. Cubren anuncios, secuencias de email, contenido para redes, páginas de venta, propuestas de valor y calendarios editoriales.
Están pensados para el mercado hispanohablante, que no es el mercado en inglés traducido: cambian las referencias, el nivel de exageración que resulta creíble y el tono que suena a estafa. Un texto que funciona en un anuncio estadounidense levanta sospechas aquí.
"Emprendedores" o "pymes" no son públicos, son etiquetas. Describe a la persona: qué hace un martes, qué ha intentado ya, qué le da miedo de comprarte. El copy se vuelve específico en cuanto el destinatario lo es.
Sin saber qué vendes exactamente, qué incluye y cuánto cuesta, el modelo escribe promesas genéricas. Con el precio delante, el copy tiene que justificarlo, que es justo el trabajo que le estás pidiendo.
Es el dato que más cambia el resultado y el que casi nadie da. "Cree que es demasiado caro", "no se fía porque ya le engañaron", "no tiene tiempo de implementarlo". Un copy que no responde a la objeción real no convierte por bien escrito que esté.
Si pides cinco variantes sin más, te dan la misma idea con otras palabras. Pide ángulos deliberadamente diferentes —miedo a perder, prueba social, ahorro de tiempo, autoridad— y que etiquete cada uno. Así puedes testar el ángulo y no la redacción.
Actúa como copywriter de respuesta directa.
Producto: {QUÉ ES Y QUÉ INCLUYE}. Precio: {PRECIO}.
Público: {DESCRIPCIÓN CONCRETA DE LA PERSONA, NO EL SEGMENTO}.
Lo que ya ha probado y no le funcionó: {ALTERNATIVAS}.
La objeción que le frena: {OBJECIÓN REAL}.
Canal: {DÓNDE SE PUBLICA} y límite de {CARACTERES}.
Dame 4 variantes con ángulos psicológicos deliberadamente distintos.
Etiqueta cada una con su ángulo y explica en una línea a quién del
público debería funcionarle mejor.
Nada de superlativos vacíos ("increíble", "el mejor", "revolucionario")
ni de promesas que no pueda respaldar con lo que incluye el producto.
Al final, dime qué variante probarías primero y por qué.Etiquetar el ángulo es lo que convierte esto en algo que se puede testar: si las cuatro variantes son la misma idea reescrita, el test no te enseña nada. Y prohibir los superlativos vacíos evita el registro publicitario genérico que en español suena directamente a spam.
Con los datos bien puestos, sale utilizable con una pasada de edición. Lo que casi siempre hay que ajustar es la voz de marca y algún dato concreto. Lo que no debes hacer es publicar sin leer: cualquier modelo puede colar una afirmación que tu producto no sostiene, y eso en publicidad tiene consecuencias.
Para estructurar, generar ideas y redactar borradores, sí, y ahorran muchísimo. Publicar contenido generado en masa sin criterio ni edición es lo contrario de una buena idea: Google penaliza el contenido a escala sin valor añadido, y lo detecta bastante bien.
Porque el prompt medio no le da nada específico y el modelo rellena con la media de todo lo que ha leído. En cuanto pones público concreto, precio y objeción real, deja de sonar genérico. El problema casi nunca es el modelo, es lo que se le da.
Para copy corto y variantes rápidas, ChatGPT va sobrado. Para textos largos de página de venta con tono sostenido, Claude suele dar mejor resultado. Para análisis de tendencias y contenido de actualidad, Grok tiene la ventaja de ver lo que se está publicando ahora.